I – INTRODUCCIÓN
Estamos en un momento en que todo el mundo habla de Economía. Pero, dentro de esa generalización, hay algo especial: se intenta imponer que los economistas son los únicos que saben, los únicos que pueden manejarla, que van aplicar las recetas o medidas adecuadas. Yo, por mi parte, creo que la Economía ha logrado convertirse en algo muy serio e importante, que incide muy fuertemente en la vida; y, precisamente por eso, no es prudente dejarla solamente en manos de economistas. Sería conveniente participar y ayudarlos, aunque sea un poquito.
Dicen los que saben que hay numerosas escuelas económicas. Y, como en todos lados pasa, siempre cada una reclama la razón y defiende a rajatabla su posición. A mí me parece que cada una puede tener parte de razón, algunas más y otras menos; pero siempre algo, aunque sea pequeño y aún en los peores casos o para algo en particular. Hay que tenerlo en cuenta y también aprovecharlo.
Economía etimológicamente significa: ECO (casa), NOMIA (normas). Sería algo así: normas para la administración de la casa. Entonces, ¿qué habría de preguntarse? Siguiendo una propuesta o línea de pensamiento: ¿Qué es lo elemental, que también es lo fundamental? ¿Cuáles son los intereses comunes y las necesidades prioritarias de quienes allí viven?
Sin ninguna duda, la Economía debe servir a esos intereses y prioridades para cubrirlos, satisfacerlos, hacerlos crecer y desarrollarlos, encontrando y produciendo los recursos indispensables para lograrlo y progresar de la mejor manera posible.
Si así fuera, sería menester coincidir en los intereses y establecer con precisión las prioridades, que estarían determinados por las necesidades básicas que hay que prever y satisfacer adecuadamente -en tiempo y forma- en beneficio de todos sus moradores. Para lo cual sería sensato generar los consensos que permitan avanzar, con la energía y el esfuerzo requeridos, compartiendo los intereses y ordenando las prioridades en función de los reclamos y las exigencias más apremiantes. Y es aquí, sobre esto, que vienen las diferentes escuelas a proponer sus teorías y se destacan los economistas que las representan.
Demás está decir, que todas tendrán un plan para afrontar y llevar a cabo las acciones y medidas que, según sus teorías, estiman corresponder; los elementos con que cuentan o conseguirán y de qué modo serán usados para alcanzar los objetivos propuestos, que siempre intentan ser atrayentes y de innegable realización.
En mi humilde opinión, sería indispensable tener una visión objetiva del mundo y de la realidad; adentrarse en un cuidadoso análisis de la situación; haber pergeñado una estrategia para poner en marcha el plan en los tiempos y modos previstos; y, en conjunción, en el mismo período, las tácticas elegidas (entendiendo que la estrategia es la suma de las tácticas) para ir recorriendo -sin asechanzas ni mayores dificultades- el camino emprendido para obtener el objetivo buscado, favoreciendo y alentando la concreción de las diferentes etapas, que nos irán acercando a él. Y, por cierto, su mantenimiento en el rumbo.
Suponiendo que pueda ser así: ¿qué habría que atender primero y cómo se continuaría después? ¿Puede la economía ser completamente ajena a la política o ésta es la que fija y establece los fines primero? ¿Sería necesario integrar una con la otra para un desenvolvimiento armónico y continuo, con esfuerzos pero sin sufrimientos inadmisibles?
Partamos de la base que estamos de acuerdo que hay que equilibrar ingresos con egresos. Compartimos, en general, que hay que actuar sobre un presupuesto equilibrado racionalmente. En el que va implícito que, uno de los objetivos a alcanzar, es aumentar los recursos para cubrir los gastos de crecimiento y desarrollo.
II
Visto lo que antecede, conozcamos ahora qué es lo que viene proponiendo el Movimiento Nacional Justicialista (MNJ). Dice en una de sus “20 Verdades”: “Como doctrina económica, el Justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y a ésta al servicio del bienestar general “(o social o, tal vez mejor, al servicio del Bien Común).
Voy a seguir escrupulosamente el pensamiento del general Juan Perón, quien en su último discurso ante el Congreso de la Nación -el 1º de Mayo de 1974- expresaba: “En lo ECONÓMICO, hemos de producir básicamente según las necesidades del Pueblo y de la Nación, y teniendo también en cuenta las necesidades de nuestros hermanos de Latinoamérica y del mundo en su conjunto. Y, a partir de un sistema económico que hoy produce según el beneficio, hemos de armonizar ambos elementos para producir recursos, lograr una real justicia distributiva, y mantener siempre la llama de la creatividad.”
Lo que plantea, sus principios y medidas generales, debe ser entendido e interpretado a través de sus fundamentos y justificaciones, que no son otros que bases filosófico-políticas. Precisamente por esas razones, sostiene que la dimensión política es previa al ámbito económico. De esta manera, se comprende cómo -naturalmente- emerge de un proyecto histórico-político de carácter intrínsecamente nacional, social, humanista y cristiano.
En tal sentido, el objetivo fundamental es servir a la sociedad como un todo; y al ser humano no sólo como sujeto natural sometido a necesidades materiales de subsistencia, sino también como persona moral, intelectual y espiritual.
En rigor, tampoco supone la búsqueda del beneficio individual invariablemente, que, desde luego es menester reconocer, sino que redunda en el bien de toda la sociedad. En consecuencia, la actividad económica debe dirigirse a fines sociales, respondiendo a los requerimientos de los ciudadanos integrados en comunidad y no solamente a las apetencias personales.
Es una interpretación amplia y solidaria de la actividad económica, que lleva una definición clara del concepto de beneficio, ubicándolo no ya como un fin en sí mismo, sino como una justa remuneración del factor empresarial por la función social que cumple. Preservando el estímulo y con entusiasmo suficiente para fomentar el incremento de la gestión empresarial privada, con su dinamizadora dosis de creatividad, pero enmarcada en un contexto donde prevalece una distribución socialmente justa.
El espíritu y la esencia consisten en anhelar una sociedad eminentemente creativa y justa, en la que la conducción económica pertenezca al país como comunidad armónica y donde los logros económicos no atenten contra la libertad y la dignidad de sus habitantes. Por ende, no pueden aplicarse como un conjunto de medidas técnicas sino integradas a una visión del ser humano y el mundo, de carácter radicalmente nacional.
Y, además, para la conformación económica de nuestra sociedad, resulta indispensable obtener la coincidencia generalizada de todos los sectores, lo que resultará realidad únicamente a través de un compromiso firme, estable y cuidadosamente elaborado.
Del encuadre que precede, queda claro lo siguiente:
- Que es imposible una distribución socialmente aceptable si las decisiones económicas no acompañan a la política social. Además, debe tenerse en cuenta -muy especialmente- que lo esencial con respecto a los objetivos debe perseguir una actividad radicada en el país, porque es necesario atender tanto al aporte de la economía nacional como el beneficio de los empresarios.
- No basta con lograr soluciones apresuradas para las grandes cuestiones, pensar que todo se va resolver por sí solo. Tampoco basta con elaborar soluciones a medias, tomando decisiones sobre la inversión extranjera sin establecer la actividad en la cual han de insertarse.
- Es necesario considerar y destacar que no existe similitud entre concentración de capital y concentración empresarial. Debe conducirse armoniosamente de acuerdo con las reales necesidades nacionales.
- La situación permite decir, sin miedo al error, que es impostergable expandir el consumo esencial de las familias de menor ingreso, atendiendo sus necesidades con sentido social y sin formas superfluas, ya que constituyen la verdadera base que integra la demanda nacional, lo que es esencial para el desarrollo económico.
- Hay que combatir permanentemente un mal como la inflación, y eso se consigue solo cuando hay capacidad política para usar el remedio natural dado por una política de precios y salarios. Es evidente, que las “recetas” internacionales que nos han sugerido bajar la demanda para detener la inflación, consiguieron frenar el proceso y aumentar la inflación. E, igualmente, se bajó la demanda de las empresas a través de la restricción del crédito, olvidando también el papel generador de empleo que desempeña la expansión de las empresas. Y, consiguientemente se bajó la demanda de los trabajadores a través de la baja del salario real.gY, al mismo tiempo, no se adoptaron las medidas para que todos participaran en el sacrificio; en definitiva, fueron las espaldas de los trabajadores las que soportaron el peso de esas políticas de represión de demanda para combatir la inflación, que el país aceptó.
III
En esta tercera parte, vamos a ver dos puntos de vista, de dos autores distintos (uno, argentino; y el otro surcoreano) que, sin embargo, coinciden en forma notable. Tomo sus opiniones de sendas entrevistas llevadas a cabo por Jorge Fontevecchia y desarrolladas en el diario “Perfil” de los días 18 y 19 de abril de este año (2026).
L0a primera, es la realizada a Pablo Gerchunoff, en su carácter de historiador, quien expresa: que se le apareció algo que une tres fenómenos: 1) la dictadura militar cuando la globalización financiera empieza a mostrar su fisonomía; 2) la experiencia de Menem; y 3) la de Macri (SE PODRÍA AGREGAR LA DE MILEI-CAPUTO). Y lo que tenía en común era que armaban, de hecho, una coalición entre el mundo de las finanzas y los sectores populares.
El problema es si esta alianza puede durar. Y puede durar solamente si hay un núcleo duro en la economía que aumente la productividad, de manera tal de hacer sostenible un tipo de cambio real bajo. Lo que fracasó durante Martínez de Hoz, fracasó durante Menem-Cavallo (pero no tanto), y fracasó con Macri. Y explica, que un país se construye con sus sectores productivos y eficientes, pero una Nación es más que eso. Lo que ocurre es que, para vincularlo con la coyuntura del presente, abrir la economía como la abre Milei, con un tipo de cambio bajo, en el mejor de los casos es enfermedad holandesa y, en el peor, es una catástrofe social.
Milei está equivocado: ve un problema donde no lo hay. En los planes, que hay que diseñar y ajustar la fase preparatoria dentro del propio plan, las estabilizaciones tardan entre 6 y 8 años (las sudamericanas: 8). Está desesperado porque la inflación no baja más rápidamente. Y éste no es su verdadero problema. Debería preocuparse más por la fractura de la sociedad que hay en este momento, en términos de dinámica de progreso o de incorporación social. Ese es el problema. La inflación volvió a subir. Y, ¿cómo no va subir si desde marzo del 2025 a diciembre depreció la moneda un 35%? Y cuando esto ocurre, lo que va tener es inercia inflacionaria. Y ¿por qué le cuesta a Milei pensar la inercia inflacionaria? Le cuesta pensar porque es una respuesta autónoma de la sociedad.
Los economistas, a veces, usan una jerga muy exótica y no se entiende bien de que están hablando, pero de vez en cuando miran la realidad y se preguntan ¿por qué tanto énfasis en el déficit fiscal? Y, en rigor, no sería déficit fiscal, lo que corresponde es “Dominancia Fiscal”, que quiere decir que Argentina no tiene ninguna otra fuente de financiamiento del déficit que la emisión monetaria, lo que significa que, en algún momento, se va producir una disparada del dólar. Mientras no ocurra, el déficit fiscal puede ser un problema de deuda, pero no un problema inflacionario.
El segundo, es el economista surcoreano Ha-Joon Chang, que expresa lo siguiente: Hace 15 años, el principal socio comercial de Argentina era EE.UU., ahora es China.
Y, refiriéndose a uno de sus libros, dice: El título del libro “Patear la Escalera” viene del economista alemán del siglo XIX Friedrich List, quien criticó a los ingleses por predicar el libre comercio señalando que lo hacían para otras personas, no para ellos. Solo practicaron el libre comercio después de convertirse en la economía industrial más fuerte del mundo. Antes de eso, eran muy proteccionistas, tenían subsidios y todo tipo de intervención gubernamental para fortalecer la economía industrial. Como decía List: esto es como si alguien subiera a la cima con una escalera y cuando llega la patea para que otras personas no lo puedan seguirlo.
EE.UU. fue, literalmente, la economía más proteccionista del mundo durante aproximadamente un siglo. Y, ahora, está haciendo algo extraordinario: conseguir que otras personas acepten construir la escalera para ellos, porque tienen que seguir siendo geniales. Y ya no lo son. Obligar a otros países a no vender a bajo precio porque les imponen aranceles. Haciendo que países como Japón, Corea y Alemania inviertan en los EE.UU. para reconstruir su industria manufacturera. Por lo tanto, se trata de una forma de protección muy extraña, que no consiste en patear la escalera, sino obligar a otros países a construir una escalera para ellos.
El acuerdo de libre comercio con EE.UU. es muy restrictivo. Se debe tener mucho cuidado. Puede haber razones por las que quieran hacerlo. Pero en el caso argentino, no lo sé. Hace tiempo que necesita reconstruir su industria manufacturera. A fines de la década de 1970, el 38% del PBI provenía de ella, pero ahora representa alrededor del 13%. No olvidemos que Argentina alguna vez fue un país altamente industrializado. Creo que incluso hasta 1970 producía más manufacturas que China. Necesita reconstruir su industria. Y si firma un acuerdo de libre comercio con los EE.UU. o con cualquier otro país con una industria más fuerte que la suya, si bien no será imposible es mucho más difícil.
El problema con la sobrevaluación de la moneda siempre existió. Y es lo que ha dificultado las exportaciones de la economía y generar las divisas que se necesitan para tener un sistema financiero estable. Se sigue repitiendo este ciclo de mantener la moneda sobrevaluada y acumular deudas, porque las exportaciones no son competitivas al estar la moneda demasiado cara. Y luego, se tiene que pedir dinero prestado o conseguir un rescate del FMI o del Tesoro de EE.UU. o al que sea. Y la situación se vuelve insostenible y surge una crisis financiera. El proceso sería así: se sobrevalua la moneda; se mantiene una inflación baja durante un tiempo; se recupera la macroeconomía. Y luego hay que invertir y aumentar la productividad; hacer que las exportaciones sean más competitivas. Y, después, devaluar para poder exportar más y evitar la crisis cambiaria. Lamentablemente, esta segunda parte no ha llegado. Al final, a menos que se aumente la capacidad de generar ingresos en divisas mediante la exportación -tal vez de materias primas-, pero esperemos que de productos manufactureros más avanzados, se repetirá este ciclo de inestabilidad macroeconómica.
Hay que darse cuenta de que una economía de mercado fuerte no puede existir sin un estado fuerte. El gobierno tiene que ser capaz de coordinar la inversión, necesita establecer directrices en torno a las actividades empresariales. Se necesita un gobierno eficaz y fuerte, que pueda proporcionar infraestructura, fuerza laboral educada, ciencia y tecnología. Desgraciadamente, en la agenda libertaria de Milei no existen. No están siendo abordados. Lamentablemente, ningún país ha logrado un desarrollo económico exitoso sin un gobierno que propicie esos aportes colectivos.
Veamos un caso: el de Vaca Muerta. El autor está a favor de explotarla para generar más ingresos de exportación. Pero, la pregunta crucial es ¿qué se hará con eso? A corto plazo, sobrevaluar la moneda si es necesario para la estabilidad macroeconómica. Pero usar esa estabilidad para aumentar la inversión, aumentar la productividad. También utilizar el proteccionismo mediante aranceles a corto plazo, para crear espacios para las empresas, que podrían quedar excluidas de la competencia extranjera, pero asegurándose que esas empresas inviertan y aumente la productividad. Así que muchas cosas tienen que ver con lo que se haga en la siguiente etapa. Lo más importante es lo que se hace con el espacio, el dinero y la oportunidad creados por esa intervención inicial. Es triste ver un país con el nivel de talento de Argentina y ese acervo de capital intelectual, que se conforme con ser productor de soja y carne.
Tal vez, baste con pensar en las formas de proporcionar estabilidad política, económica y, después, la inversión, modernización, reindustrialización y los empleos de alta calidad. Como dice la famosa frase de Deng Xiaoping: “No importa si el gato es blanco o negro, lo que importa es que cace ratones”.
Se podría hablar fácilmente de hasta 20 escuelas económicas diferentes. Habría que aprender de todas. El punto es que el mundo es muy complejo y todas esas teorías solo pueden cubrir ciertos aspectos de la realidad, porque están interesadas en cosas diferentes, tienen metodologías distintas, porque están interesadas en cosas diferentes. Así que no hay una teoría única que pueda explicar el mundo. Todos deberíamos tratar de aprender de esas escuelas y tratar de utilizar las mejores ideas de cada una.
Hay que pensar en las instituciones fundamentales de nuestra sociedad y economía, pensar en la naturaleza humana, en nuestra acción colectiva como sociedad. Hay que aprender de las opiniones diferentes. Y actuar en consecuencia, privilegiando los intereses generales del país.
Si bien no se puede gobernar un país sin economistas, por lo general son los ingenieros y científicos quienes dirigen la política económica, porque necesitamos personas pragmáticas que planifiquen y ejecuten.
IV
CONCLUSIONES
Para finalizar, tomemos conceptos centrales de cada una de las partes y veamos si hay o no coincidencias entre ellos:
Perón, dice: El espíritu y la esencia consisten en anhelar una sociedad eminentemente creativa y justa, en la que la conducción económica pertenezca al país como comunidad armónica y donde los logros económicos no atenten contra la libertad y la dignidad de sus habitantes. Por ende, no pueden aplicarse como un conjunto de medidas técnicas sino integradas a una visión del ser humano y el mundo, de carácter radicalmente nacional.
Gerchunoff, considera: que un país se construye con sus sectores productivos y eficientes, pero una Nación es más que eso.
Y Joon Chang, expresa: Hay que pensar en las instituciones fundamentales de nuestra sociedad y economía, pensar en la naturaleza humana, en nuestra acción colectiva como sociedad. Hay que aprender de las opiniones diferentes. Y actuar en consecuencia, privilegiando los intereses generales del país.
Perón se refirió a estas cuestiones hace no menos de 52 años atrás. Los dos autores citados, ahora, en tiempo real. ¿Hay o no coincidencias?
Eduardo Gastón MONES RUIZ
VILLA MERCEDES (SL), 3/6/26